CO2 como refrigerante

cambio climático

El refrigerante CO2, técnicamente conocido como gas R744, se erige como alternativa en el mercado de la refrigeración industrial y comercial, dada su gran versatilidad. Además se trata de un producto que se encuentra en la naturaleza en un porcentaje cercano al 0,04%. Este fluido en estado gaseoso no es inflamable ni tóxico, precisamente por estas cualidades el CO2  se está posicionando como una gran alternativa de refrigeración.

Desde Igloo Refrigeración queremos destacar que el uso del gas refrigerante CO2 comenzó a emplearse en el año 1850, cuando Alexander Twining lo empleo en el desarrollo de una nueva patente. Más tarde, Thaddeus S. C. Lowe, experimentó con las posibilidades de este gas para su empleo en globos de uso militar. Precisamente, Lowe ingenió una máquina de hielo en 1867 que usaba como refrigerante el CO2. A partir de entonces, el uso de este gas refrigerante se popularizó, incrementándose notablemente su uso hasta 1920. El éxito de este componente para su empleo en refrigeración se entiende desde el punto de vista de los bajos costes que suponía la obtención del CO2. Sin embargo, su uso comenzó a caer, hasta llegar casi a desaparecer del mercado sobre 1690.

En cualquier caso, la preocupación latente de la población por la conservación del medio ambiente hace que nos replanteemos de nuevo su utilización. Se han realizado pruebas en laboratorios y plantas industriales obteniendo grandes resultados, por lo que su uso se está extendiendo con plena seguridad en el sector de la refrigeración. Actualmente, el CO2 se utiliza indistintamente, tanto en pequeñas como en grandes instalaciones de refrigeración. Las características de este gas son muy adecuadas para el sector, ya que las presiones y temperaturas necesarias para la refrigeración pueden obtenerse de forma más económica. Algunas instalaciones de tamaño mediano, como los que podemos encontrar en los supermercados emplean CO2 como refrigerante.

En definitiva este gas se presenta como una gran alternativa de futuro al ser más respetuoso con el medio ambiente. El uso del CO2  en instalaciones frigoríficas no daña la capa de ozono. Consecuentemente, contribuye a reducir el cambio climático, siendo más eficiente energéticamente hablando. Factor de gran importancia, pues la función de refrigeración puede suponer más de la mitad del consumo energético total que se realiza en un supermercado.

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